El Romanticismo. Filosofía

El Romanticismo, la última gran época cultural europea, empezó muy a finales del siglo XVIII y duró hasta mediados del siglo pasado. No obstante, después de eso ya no tiene sentido hablar de «épocas» enteras que abarquen literatura y filosofía, arte, ciencia y música. Se ha dicho que el Romanticismo fue la última «postura común» ante la vida en Europa. Surgió en Alemania como una reacción contra el culto a la razón de la Ilustración. Después de Kant y su fría razón, era como si los jóvenes alemanes respiraran aliviados. Los nuevos lemas fueron «sentimiento», «imaginación», vivencia» y «añoranza». También algunos de los filósofos de la Ilustración habían señalado la importancia de los sentimientos, como por ejemplo Rousseau, pero en ese caso como una crítica contra la importancia exclusiva que se daba a la razón. Ahora esta subcorriente se convirtió en la corriente principal de la vida cultural alemana.

Muchos románticos se consideraron herederos de Kant, pues el maestro había afirmado que lo que podemos saber sobre «das Ding an sich» es muy limitado. Por otro lado, había señalado lo importante que es la aportación del “yo” al conocimiento. Ahora cada individuo tenía libertad para dar su propia interpretación de la existencia. Los románticos aprovecharon esta libertad, convirtiéndola en un culto casi desenfrenado al «yo», lo cual también condujo a una revalorización del genio artístico. Un ejemplo es Beethoven, en cuya música nos encontramos con un ser que expresa sus propios sentimientos y añoranzas. En ese sentido Beethoven era un creador «libre», al contrario que los maestros del Barroco, por ejemplo Bach y Händel, quienes compusieron sus obras en honor a Dios y, muy a menudo, conforme a reglas muy severas.

Hay muchos rasgos comunes entre el Renacimiento y el Romanticismo, quizás sobre todo en la importancia que otorgaban, unos y otros, al arte y a su significado para el conocimiento del hombre. En este campo Kant aportó lo suyo. En su estética había investigado qué es lo que sucede cuando nos sentimos abrumados por algo muy hermoso; por ejemplo, por una obra de arte. Cuando nos entregamos a una obra de arte sin servir a otros intereses que a la propia vivencia artística, nos acercamos a una percepción de «das Ding an sich».

Según Kant, el artista juega libremente con su capacidad de conocimiento. El poeta alemán Schiller continuó desarrollando las ideas de Kant. Escribe que la actividad del artista es como un juego, y que el hombre sólo es libre cuando juega, porque entonces hace sus propias leyes. Los románticos opinaban que solamente el arte podía llevarnos más cerca de «lo inefable». Algunos fueron hasta el final y compararon al artista con Dios.

Se decía que el artista tiene una «fuerza imaginativa de creación del mundo». En su entusiasmo artístico podía llegar a sentir desaparecer la frontera entre sueño y realidad.  Novalis, que era uno de los jóvenes genios, dijo que «el mundo se convierte en sueño, el sueño en mundo». Escribió una novela medieval que se titulaba  Heinrich von Ofterdingen. El escritor no pudo dejarla acabada cuando murió, en 1801, pero tuvo de todas formas una gran importancia. La novela cuenta la historia del joven Heinrich, que está buscando aquella «flor azul» que un día vio en un sueño y que desde entonces siempre ha añorado. El romántico inglés Coleridge expresó la misma idea de esta manera:

What if you slept? And what if, in your sleep, you dreamed? And what if, in your dream, you went to heaven and there plucked a rare and beautiful flower? And what if,when you awoke, you had the flower in your hand? Ah, what then?

Esta añoranza de algo lejano e inaccesible era típica de los románticos. Algunos también añoraron los tiempos pasados, por ejemplo la Edad Media, que ahora se revalorizó frente a la evaluación tan negativa de la Ilustración. Los románticos también añoraban culturas lejanas, por ejemplo Oriente y sus misterios. También se sentían atraídos por la noche, por el amanecer, por viejas ruinas y por lo sobrenatural. Se interesaban por lo que podríamos llamar los «aspectos oscuros» de la existencia, es decir, lo enigmático, lo tétrico y lo misterioso.

El Romanticismo era ante todo un fenómeno urbano. Precisamente en la primera parte del siglo pasado tuvo lugar un florecimiento de la cultura urbana en muchos lugares de Europa, y muy marcadamente en Alemania. Los «románticos» típicos eran hombres jóvenes, muchos de ellos estudiantes, aunque quizás no se ocuparan demasiado de los estudios en sí. Tenían una mentalidad expresamente antiburguesa y solían hablar de la policía o de sus caseras como «filisteos» o simplemente como «el enemigo».

La primera generación de románticos vivió su juventud alrededor del año 1800,y podemos llamar movimiento romántico la primera insurrección juvenil de Europa. Los románticos tenían varios rasgos comunes con la cultura hippie que surgió ciento cincuenta años más tarde.

Era la obligación del romántico vivir la vida, o soñar para alejarse de ella. El comercio cotidiano y los quehaceres de todos los días eran cosa de los filisteos.

El propio Novalis se comprometió con una joven que sólo tenía catorce años. Ella murió cuatro días después de cumplir los quince, pero Novalis continuó amándola el resto de su vida. El propio Novalis murió a los 29 años. Fue uno de los «jóvenes muertos». Pues muchos de los románticos murieron jóvenes, muchos a causa de la tuberculosis. Algunos se suicidaron.

El amor inaccesible había sido introducido ya por Goethe en su novela epistolar titulada Los sufrimientos del joven Werther; publicada en 1772. El pequeño libro acaba con que el joven Werther se pega un tiro porque no consigue a la mujer a la que ama. Resultó que el número de suicidios aumentó después de publicarse el libro, y durante algún tiempo estuvo prohibido en Dinamarca y Noruega. No carecía de peligro ser romántico. Se ponían en marcha fuertes sentimientos.

Uno de los rasgos más importantes del romanticismo era la añoranza de la naturaleza y la mística de la misma. El Romanticismo representa, entre otras cosas, una reacción contra el universo mecánico de la Ilustración. Se ha dicho que el Romanticismo implicaba un renacimiento de la antigua conciencia cósmica.

Esto significa que la naturaleza se consideró una unidad. En este punto los románticos conectaban con Spinoza, pero también con Plotino y filósofos del Renacimiento como Jacob Böhme y Giordano Bruno. Estos tuvieron en común su vivencia de un «yo» divino en la naturaleza.

Tanto Descartes como Hume habían hecho una fuerte distinción entre el yo, por un lado, y la realidad extensa por el otro. También Kant había hecho una clara separación entre el «yo» que conoce, y la naturaleza «en sí».Ahora se decía que la naturaleza era un enorme yo. Los románticos también empleaban la expresión «alma universal».

El filósofo romántico dominante fue Shelling, que vivió desde 1775 a 1854. Intentó anular la mismísima distinción entre espíritu y materia. Toda la naturaleza, tanto las almas de los seres humanos, como la realidad física, son expresiones del único Dios o del "espíritu universal",dijo él. "La Naturaleza es el espíritu visible, el espíritu es la naturaleza invisible, dijo Shelling. Porque en todas partes de la naturaleza intuimos un "espíritu estructurador". También dijo que la "materia es inteligencia adormecida.  Shelling vió un "espíritu universal" en la naturaleza, pero también vio el mismo espíritu en la conciencia del hombre. En este sentido la naturaleza y la conciencia humana son en realidad dos expresiones de lo mismo. Es decir, que uno puede buscar el "espíritu universal" tanto en la naturaleza como en la mente de uno mismo. Por eso Novalis dijo que "el camino secreto va hacia dentro". Pensaba que el hombre lleva todo el universo dentro y que la mejor manera de percibir el secreto del mundo es entrar en uno mismo.

Para muchos románticos la filosofía, la investigación de la naturaleza y la literatura se elevan a una unidad superior. Estar sentado en un estudio escribiendo inspirados poemas o estudiando la vida de las flores y la composición de las piedras eran en realidad dos lados del mismo asunto. Porque la naturaleza no es un mecanismo muerto, es un "espíritu universal" vivo.

El científico nacido en Noruega, Henrik Steffens, llamado por Wergeland "la hoja de laurel, desaparecido en Noruega con el viento", porque se había ido a vivir a Alemania, llegó en 1801 a Copenhague para dar conferencias sobre el Romanticismo Alemán. Caracterizó el movimiento romántico con las siguientes palabras:"Cansados de los eternos intentos de atravesar la materia cruda, elegimos otro camino y quisimos apresurarnos hacia lo infinito. Entramos en nosotros mismos y creamos un nuevo mundo..."

Schelling también vio una evolución en la naturaleza de tierra y piedra a la conciencia del hombre. Señaló transiciones muy graduales de naturaleza muerta a formas de vida cada vez más complicadas. La visión de la naturaleza de los románticos reflejaba que la naturaleza se entendía como un solo organismo, es decir, como una unidad que constantemente va desarrollado sus posibilidades inherentes. La naturaleza es como una planta que abre sus hojas y sus pétalos. O como un poeta que despliega sus poemas.

También encontramos pensamientos parecidos en su nueva visión de la Historia. Muy importante para los románticos sería el filósofo e historiador Herder, que vivió desde 1744 a 1803. Opinó también que el transcurso de la Historia se caracteriza por el contexto, el crecimiento y la orientación. Decimos que tenía una visión dinámica de la Historia porque la vivía como un proceso. Los filósofos de la Ilustración habían tenido a menudo una visión estática de la Historia. Para ellos sólo existía una razón universal y general, que fluctuaba según los tiempos. Herder señaló que toda época histórica tiene su propio valor. De la misma manera cada pueblo tiene sus particularidades o su «alma popular». La cuestión es si somos capaces de identificarnos con las condiciones de otras culturas. En el Romanticismo esto era algo nuevo. El Romanticismo contribuyó también a reforzar los sentimientos de identidad de cada una de las naciones.

Como el Romanticismo implicaba orientaciones nuevas en tantos campos, lo normal ha sido distinguir entre dos clases de Romanticismo. Por «Romanticismo» entendemos, ante todo, lo que llamamos Romanticismo universal. Pienso entonces en aquellos románticos que se preocuparon por la naturaleza, el alma universal y el genio artístico. Esta forma de romanticismo floreció primero, y de un modo muy especial, en la ciudad de Jena alrededor del año 1800.

La otra es la llamada Romanticismo nacional que floreció un poco más tarde esencialmente en la ciudad de Heidelberg. Los románticos nacionales se interesaban sobre todo por la historia del pueblo», por la lengua del «pueblo y general por la cultura «popular». Y también el "pueblo" fue considerado un organismo que desdobla sus posibilidades inherentes, precisamente como la naturaleza y la historia.

Lo que unificó al Romanticismo universal y al nacional fue ante todo la consigna «organismo. Los románticos consideraban tanto una página, como un pueblo, «organismos vivos, de manera que también una obra literaria era un organismo vivo. La lengua era un organismo, incluso la naturaleza se consideraba un solo organismo. Por ello no hay una diferenciación bien definida entre el Romanticismo universal y el Romanticismo nacional. El espíritu universal estaba presente en el pueblo, así como en la cultura popular y en la naturaleza y el arte.

Herder ya había recopilado canciones populares de muchos países, y había publicado la colección bajo el título Las Voces de los Pueblos en sus Canciones. Caracterizó la literatura popular como todo «lengua materna de los pueblos». En Heidelberg se comenzaron a recopilar canciones y cuentos populares. Allí están  los cuentos de los hermanos Grimm: «Blancanieves», «Caperucita Roja», «Cenicienta» y «Hansel y Gretel» y muchos más.

Desde mediados del siglo pasado también se redescubrieron los viejos mitos de los tiempos paganos. Compositores de toda Europa comenzaron a incorporar la música folklórica a sus composiciones. De esa manera intentaron construir un puente entre la música popular y la artística. Por música artística se entiende música compuesta por una sola persona, por ejemplo Beethoven. La música popular, por otra parte, no la había compuesto una persona determinada, sino el propio pueblo. Por eso tampoco sabemos exactamente cuándo se compusieron las melodías populares. Y de la misma manera se distingue entre cuentos populares y cuentos artísticos, es decir un cuento que ha sido creado por un determinado escritor, por ejemplo Hans Christian Andersen. Precisamente el género cuentístico fue cultivado con gran pasión por los románticos. Uno de los maestros alemanes fue Hoffmann.

El cuento fue el gran ideal literario entre los románticos, más o menos de la misma manera que el teatro había sido la forma artística preferida de los barrocos. Proporcionaba al escritor grandes posibilidades de jugar con su propia fuerza creativa.

Los filósofos románticos entendieron el «alma universal» como un «yo» que, en un estado más o menos onírico, crea las cosas en el mundo. El filósofo Fichte señala que la naturaleza precede de una actividad imaginativa superior e inconsciente. Schelling dijo que el mundo «está en Dios». Pensaba que Dios es consciente de algunas cosas, pero también hay aspectos de la naturaleza que representan lo inconsciente en Dios. Porque también Dios tiene un «lado oscuro». De la misma manera se consideró la relación entre el autor y su obra de creación. El cuento proporcionó al escritor la posibilidad de jugar con su propia «fuerza imaginativa». El mismo acto de la creación no era siempre consciente. Al escritor le podía ocurrir que el cuento que estaba escribiendo saliera empujado por una fuerza inherente. A veces estaba como hipnotizado mientras escribía. Pero luego el mismo escritor podía romper la ilusión. Podía intervenir en el relato con pequeños comentarios irónicos al lector, para que éste, al menos esporádicamente recordara que el cuento sólo era un cuento. De esta manera el escritor también podía recordar al lector que su propia vida era de cuento. Esta clase de ruptura de la ilusión la solemos llamar «ironía romántica». Ibsen, por ejemplo, deja decir a uno de los personajes en su obra Peer Gynt que uno no muere en medio del quinto acto».

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